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Aterriza el fútbol en la capital rusa

 

¿Podría la Copa del Mundo ayudar a que un país salga de la recesión? Así parece. Según el gobierno ruso, la inversión que se hizo para poner en marcha el Mundial 2018, el más caro de la historia, tendría un impacto de casi US$ 31.000 millones en la economía. El costo total de la fiesta más grande del deporte se estima en unos US$ 13.000 millones, de los que un 70% está cubierto por el presupuesto público y el 30% por inversores privados.

 

Además de esa tremenda inversión, el Mundial atraerá a unos 500.000 extranjeros, al margen de aquellos que no van por el fútbol. Por lo mismo, es una buena oportunidad para revisar dos museos históricos de Moscú para quienes no piensan pasar los días en un estadio.

 

Dejando de lado las atracciones más icónicas de la ciudad, como el Kremlin, la Plaza Roja, los jardines del Hermitage y el mausoleo de Lenin, el museo de la Guerra Fría, el Búnker 42, es uno de los lugares en donde más historia militar se puede encontrar. A 65 metros de profundidad, el museo alberga documentos secretos de la ex URSS y está escondido dentro de un falso edificio del siglo XIX.

 

Construido en 1965, el búnker de Stalin, como también se lo conoce, es una instalación de 7.000 metros cuadrados que se usó hasta 1986 como centro de mando de los bombardeos estratégicos de misiles nucleares de la Fuerza Aérea Soviética.

 

Lubianka, el cuartel general de la KGB y su prisión anexa en la plaza Lubianka de Moscú es otra atracción interesante para los que buscan revivir los años de la Guerra Fría. Originalmente, el edificio estaba destinado a ser la oficina central de la Compañía Aseguradora de Rusia, pero tras la revolución, el edificio fue tomado y pasó a ser el cuartel general de la policía secreta, en ese entonces llamada Cheka. Aunque la policía secreta de Rusia cambió su nombre muchas veces, este edificio siempre fue su centro principal.

 

Tras la resolución de la KGB, la Gran Lubianka se convirtió en el cuartel general de la Guardia Fronteriza y además albergó una dirección del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa, además del museo de la KGB.

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