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Arte y Cultura

El ballet ruso: la historia de un arte que tuvo que sobrevivir una revolución

 

 

Seguramente les debe sonar conocido el Teatro Bolshói de Moscú, Rusia. Para algunos, ese nombre corresponde a un teatro, mientras que otros lo relacionan con el ballet. Lo cierto es que el Teatro Bolshói es ambas cosas: es un teatro pero también una compañía de danza, teatro y ópera.

 

Muchos podrían pensar que el ballet se originó en Rusia. Cómo no, si la mayoría de las bailarinas más famosas son de ese país y el Lago de los Cisnes podría ser el considerado la “bandera de lucha” de este tipo de danza. Pero la verdad es que el ballet surgió en Italia, durante los años del Renacimiento Italiano, entre los siglos XV y XVI. Y, quizás más sorprendente, el segundo país al que llegó fue a Francia por Catalina de Médici, una noble italiana que se casó con el rey de Francia Enrique II, lo que provocó que el ballet se desarrollara para la aristocracia, ya que el objetivo era entretener a esta clase social.

 

A Rusia el ballet se expandió siglos más tarde y recién a partir de 1850 alcanzó gran importancia en el país. De hecho, el Bolshói que conocemos hoy fue inaugurado el 18 de enero de 1825 con la presentación del ballet Cenicienta.

 

En contraste con lo que ocurría durante el siglo XIX, con la abdicación del zar Nicolás II durante la revolución de 1917 y el posterior ascenso de Vladimir Lenin, se buscó la democratización de todas las formas de arte. Lenin le entregó la responsabilidad a uno de sus hombres de confianza, Anatoly Lunacharsky, quien tenía la labor de reestructurar la cultura rusa para que todos pudiesen disfrutar de ella de manera gratuita.

 

Pero Lunacharsky tenía oponentes. Entre los bolcheviques existía un número de radicales que abogaban por eliminar todo lo que había representado la aristocracia. Al final, el Teatro Bolshói exhibió dramas con temáticas relacionadas con el proletariado para darle un sentido más nacionalista.

 

En la vereda del frente al teatro, la danza, estaba el empresario Serguei Diaguilev y la bailarina Agrippina Vaganova, quienes defendieron la existencia del ballet frente a los bolcheviques más extremos. Diaguilev, quien creó fundó los Ballets Rusos, una compañía que se alejó de la política rusa y se enfocó en la formación de grandes bailarines salidos del Bolshói y del Mariinsky. En esa academia se formaron estrellas internacionales, como George Balanchine, Vaslav Nijinsky, Ida Rubisntein y Anna Pavlova.

 

Con la llegada de Stalin y la implementación de la URSS, el ballet ruso se estancó y no hubo casi giras internacionales de sus compañías de danza. De hecho, mientras que en el resto de Europa y en Estados Unidos la danza contemporánea comenzaba a tomar protagonismo en los escenarios, el ballet ruso comenzaba a declinar. Hasta la caída de la URSS, cuando el ballet en Rusia se empezó a desarrollar hasta transformarse en lo que lo conocemos hoy: una pieza de arte única en el mundo.

 

 

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